Mi pequeña historia

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Creo que empezare mi pequeña historia desde el momento en que me encontré solo en el aeropuerto internacional de la ciudad de León, Guanajuato el día 14 de junio del 2014. Donde por primera vez iba a viajar solo y con dirección a Italia. Y que por mucha relación que tenga el idioma italiano con el español  (que es mi idioma natal), no se podría decir que me fuera a resultar fácil entablar una conversación. Y con todos estos pensamientos algo preocupantes, me encuentro esperando un vuelo que partirá en unos cuantos minutos a la ciudad de México y posteriormente, tomar otro vuelo a la ciudad de Paris, Francia, en donde finalmente abordaría un avión con dirección a la ciudad de Roma, Italia.

Viajaría aproximadamente 24 horas hacia mi primer destino, sin contar las siguientes angustiosas horas que pasaría hasta llegar a mi destino principal, en el cual se llevaría a cabo el proyecto de voluntariado y consistía en preparar un hostal, donde tomaría lugar un festival de concientización ambiental y ético.

Al haber  tomado mi primer vuelo y ahora esperando mi avión con dirección a la ciudad de Paris, empieza una de las experiencias más gratas que he tenido, la cual fue el conocer nuevas personas, como es el caso de una señora que inicio a entablar una conversación muy amena conmigo y una relación un cierto “chusca”, ya que me procuro todo el tiempo como si se tratara de su hijo.

Más tarde, al formarnos me despedí de ella.  Al ingresar y ubicarme en el asiento indicado se encontraba un señor a lado del mío, el cual igualmente me hizo platica. Desconozco si el motivo fue por gusto o por tratar de que se le pasaran más rápidamente las más de doce interminables horas que el avión tardaría en llegar a su destino. Después de varias charlas sin mucha relevancia y unas cuantas horas de sueño casi imposibles de lograr, por fin arribe al aeropuerto de la ciudad de Paris. Un avión más y llegaría finalmente a Roma.

Al llegar a mi destino,  comenzó una de mis peores experiencias que hoy en día puedo recordar y contar con gracia. Para empezar, dado que mis tres vuelos tuvieron un poco de retraso, llegue después de las 11:30 de la noche, una hora después de lo previsto. Pero por suerte, alcance a tomar el último tren con dirección a la terminal de Roma, o hasta ese momento eso pensaba;  ya  que más tarde, me lo lamentaría y preferiría haberme quedado ahí esperando hasta el siguiente día.

Con mis pertenencias a un lado mío y mi ingenua satisfacción de haber alcanzado el último tren, me encontraba en la terminal de Roma, en la cual, a esas horas de la noche ya no saldría ningún tren. Estaba  varado en ese lugar hasta que amaneciera y pudiera tomar otro con dirección a la ciudad de Orvieto, donde pasarían a recogerme los encargados del proyecto. Por alguna razón los teléfonos públicos no servían. Supongo que mi desesperación era obvia ya que un joven se acercó a ayudarme, hablaba un poco de inglés y  español, así es que pude hablar bien con él. El joven me presto su teléfono celular para que pudiera avisarles a los encargados que no llegaría a la hora prevista y darles mi nueva hora de llegada. Al poco rato, los guardias empezaron a sacar a toda la gente de la terminal, pues se acercaba el momento de cerrar. Yo no tenía ninguna reservación de hotel para pasar la noche, ya que todo lo acontecido no lo tenía previsto. Decidí quedarme a las afueras de la terminal como todos los demás. Después de varios minutos llego nuevamente el joven que me había ayudado. Esta vez quería llevarme a mí y a otro joven a su hostal para que no pasáramos la noche fuera de la terminal. Estaba cansado y no me agradaba la idea de quedarme fueras toda la noche. Así  que decidí seguirlo junto al otro joven.  Llegando a la dirección que el joven indicó, me empecé a preocupar;  ¿quién proporciona un lugar donde pasar la noche a dos completos desconocidos y totalmente sin costo? Exacto, eso no suena nada bien. Y eso sin añadir que el lugar parecía más un pequeño departamento que un hostal, y era un poco tétrico. Créanme que ya solo estaba esperando el momento en que me pusieran un pañuelo mojado en cloroformo. Tome un baño y me fui al cuarto que el dueño del lugar me permitió usar. Al  otro joven lo acomodo en otro cuarto. No dormí en toda la noche, me la pase pensando en todas las posibles situaciones nada agradables y leyendo un libro para tratar de alejar esos pensamientos. Al amanecer me daría cuenta que hubiera podido dormir tranquilamente sabiendo que despertaría en una ciudad maravillosa, y principalmente con mis órganos intactos. Ahora lo cuento y hasta risa me provoca. Pero uno ha visto tantas cosas que pasan alrededor del mundo que en ocasiones uno ya no sabe si se puede confiar en las personas que intentan ayudar, ya que desgraciadamente muchas de las veces termina todo mal. Realmente son pocas las personas que de verdad tienen la intención de ayudar y que por suerte yo me topé con una de ellas. El joven amablemente  me proporciono un lugar donde pasar la noche y me enseño lo necesario para tomar mi tren y todo sin aceptarme nada a cambio.

Aborde mi tren con dirección a la ciudad de Orvieto.  Al  momento de llegar tuve que esperar un rato a que pasara por mí Daniel, uno de los encargados del proyecto. Él hablaba un poco de español e Inglés al igual que los demás encargados. En el trayecto a villa Ezzforcesca donde se llevaría a cabo dicho proyecto, pude conversar con él un poco de las diferencias que existen entre México e Italia, más que nada del tipo de paisajes y agricultura que tiene cada país. También hablamos un poco de nosotros mismos.

A la llegada al lugar donde se llevaría a cabo el proyecto, el cual era un hostal rodeado de un hermoso paisaje verde, conocí a tres voluntarios que habían llegado antes que yo, entre ellos se encontraba Maria, de Rusia; Joe, de Estado Unidos y Diana que al igual que yo, de México. Se enocntraba también,  otra de las encargadas llamada Emanuela. Nos presentamos y comenzaron las preguntas clásicas que se hacen al momento de conocer a alguien nuevo. Era  el momento apropiado para hacer uso de mis conocimientos del inglés, cosa que nunca había tenido necesidad de hacer. Para ser sincero, los primeros días me sentía como un bebe tratando de decir sus primeras palabras. Supongo que la necesidad y la costumbre que se me fue haciendo de escuchar y hablar solo en inglés, me hicieron mejorar bastante a como inicie, a los cuantos días ya podía entablar una conversación más formal. Los voluntarios, que ahora con gusto puedo referirme a ellos como mis amigos, también me ayudaron demasiado a mejorar mi inglés con consejos y lecciones que me daban de vez en cuando.

Después de la pequeña charla que tuvimos, y antes de que anocheciera, los encargados nos llevaron a acquapendente donde pude admirar más de cerca una arquitectura y vista magnifica. Cuando estuvimos de regreso en el hostal, ya estaban los demás voluntarios. En  ese momento tuve la dicha de conocer a Collin y Dongjun de corea; Lizzie de Inglaterra; Arnaud y Benjamin de Francia; Paulina y Monika de polonia; Emilia y Lauha de Finlandia; y Anna de Rusia.

A pesar de que todos éramos de diferentes nacionalidades y por lo tanto diferentes culturas, religiones y estilo de vida, creo que todos nos entendíamos perfectamente a la hora de hablar sobre cualquier tema que surgiera. La verdad es que yo vi demasiadas similitudes entre todos los voluntarios, no sé si sería el hecho de que todos estábamos pasando por la misma etapa de ser joven y querer comerse el mundo o simplemente porque así lo era. Entre ellos encontré algunos que compartían mi gusto por la lectura, por el canto, por la carrera universitaria que estoy cursando e incluso el gusto por determinadas series de televisión que aunque no lo crean era un tema de gran debate. Pude llevarme bien con todos y con algunos aún sigo en contacto en las redes sociales.

Al día siguiente, comenzamos  con las labores propias del proyecto. Cada día se rolaban, pero ese día, todos estuvimos en la cocina aprendiendo a hacer pizza. Cabe decir que el proyecto era vegano y que nadie de nosotros lo sabíamos;  hasta que ahí mismo nos dimos cuenta de ello. Realmente fue un golpe duro para todos, pero por lo menos experimente algo nuevo, que a lo mejor no vuelo a poner en práctica por obvios motivos, pero que me quedara como experiencia.

Las labores los primeros días se basaban más que nada en la limpieza de todo el hostal, ya en los días más cercanos al festival que se llevaría a cabo los días 21 y 22 de junio. Comenzamos  con trabajos un poco más laboriosos, como la elaboración de carteles, colocar las obras artísticas a exponer en sus sitios correspondientes, colocación de lonas para los expositores fuera del hostal, preparación de alimentos, entre otras cosas.

Los días del festival tuve la oportunidad de aprender un poco más sobre Italia, ya que se impartieron conferencias sobre educación, medio ambiente, sociedad, arte y algunas tradiciones de ese país. Fueron unos días bastante ajetreados, así que aprovechábamos cualquier oportunidad para tomar un descanso ya fuera para comer o solamente platicar. Fue un festival pequeño pero al parecer todos lo disfrutamos mucho y más al ver que nuestro esfuerzo había valido la pena.

Después del festival ya solo quedaba la limpieza, cosa que no nos llevó mucho tiempo pero empezaron a surgir ciertas inconformidades de algunos compañeros voluntarios que prefirieron irse antes de las fechas en que el proyecto concluiría oficialmente. Los que permanecimos como era debido recibimos una grata sorpresa. Los encargados nos llevarían a conocer Orvieto. Claro que a lo largo del proyecto nos llevaron a conocer lugares cercanos donde era la oportunidad perfecta para saciar nuestros instintos carnívoros y para ver los majestuosos paisajes italianos, pero este pequeño viaje sería el más significativo, ya que era el último que haríamos todos juntos. Fue un viaje perfecto, estuvimos un rato en la ciudad y en la noche pudimos sumergirnos en unos estanques de aguas termales.

El día por fin llego, cada quien tomaría diferentes rumbos en la estación de trenes de Orvieto. Todos comenzamos como desconocidos y en trece días habíamos terminado formando una muy buena amistad. Nos despedimos con un hasta luego, esperando que algún día nos volviéramos ver.

Algunos voluntarios se dirigieron directo a casa y otros cuantos permanecieron aun en Italia para conocer. Yo estuve un día en Florencia, una ciudad hermosa. Quede  fascinado por prácticamente todo en ella. Mi segundo destino era Roma, donde aún se encontraban tres voluntarios. Nos reunimos y tomamos un paseo nocturno por el centro de Roma en el cual por coincidencia había una conferencia acerca de los temas tratados en el festival. Fue algo que nos emocionó e hizo que reviviéramos momentos de los días en el proyecto.

Ahora se había llegado el día de mi regreso a México, donde aún tuve la oportunidad de conocer a dos personas muy agradables que hicieron que me fuera de Italia con aún más ganas de algún día regresar. Fue una muy grata estancia. Llegue para dar, sin recibir nada a cambio. Pero  en lugar de eso, regrese con grandes experiencias;  una enorme satisfacción, magníficos amigos y en general, una gran aventura.

Espero que los temas tratados en el festival sean de gran relevancia para las personas que tuvieron la oportunidad de asistir y escuchar las pláticas. Aunque no haya sido un gran número de personas que estuvieron presentes sé que si a estas el mensaje transmitido en las pláticas acerca de los temas de la educación a los niños y la ecología (siendo los temas más importantes a tratar) pudo ser captado positivamente, ellas ayudarían en la divulgación de estas haciendo llegar a más y más gente el mensaje dejado por el festival.

Este tipo de proyectos de voluntariado está enfocado en que uno de todo de sí para poder ayudar a otros, dejar un poco de lado el “yo primero”. Este es el propósito a tener en cuenta, pero la verdad es que a uno le ayuda de igual o mayor medida. Como se habrán dado cuenta, yo empecé a narrar mi historia desde antes que empezara el proyecto, y el porqué de esto, es por lo que acabo de mencionar. Desde el momento en que me encontraba en el aeropuerto, comencé a vivir nuevas experiencias que un futuro podrían ayudarme. Conocí personas magnificas fuera del proyecto, así como lugares impresionantes que no habría podido ver si no hubiera asistido a este. En cuanto al proyecto, creo que para todos los voluntarios es una gran satisfacción saber que todo lo que se hizo, al final valió la pena, que ese granito de arena casi insignificante que colocamos significo mucho para alguien más. Y en lo que a mí respecta, el crear lazos de amistad con personas de otros países es algo asombroso, el saber que cuando uno se propone algo, como es el ayudar, no hay fronteras de territorio, cultura ni idioma.

Ser voluntario ha sido una de las experiencias más gratas que he tenido. Agradezco a Vive México y a Yap Italy por darme la oportunidad de serlo.

Author: Angel Elias Vargas Diaz

Fifth Edition

5While closing the 4th edition of Scriptamanent, after the final meeting in Izmir, we are already preparing the new call for the next edition of the project. Stay tuned!

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