The world is in the hands of those

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The world is in the hands of those who have the courage to dream and run the risk of living their dreams. Paulo Coelho.

De la cima de Montebarro, hasta lo más profundo del lago de Como.

Desde niña he tenido una gran fascinación por los idiomas, las culturas y tradiciones, las relaciones entre los diferentes países del mundo y la idea de que la riqueza tangible e intangible del mundo es tan grande, que es digna de ser conocida y compartida por todos.

Es por eso que no dude en elegir una carrera profesional que me permitiera conocer el mundo, las posturas de los países  frente a distintos temas de interés y sobre todo saber qué es lo que conecta a unos con otros, siendo el comercio entre las diferentes regiones un factor de gran importancia y al que quería dedicarme toda mi vida, por lo que comencé a estudiar diferentes idiomas, con la idea de que poder comunicarnos unos con otros, acorta las distancias y disminuye las barreras que hay entre los pobladores del mundo.

Sin embargo, después de 3 años de carrera y 5 años estudiando italiano, me dio cuenta de que era momento de dar el siguiente paso, salir de mi país, dejar atrás mi ciudad, mis dudas y mis miedos y dudas que me frenaban para cumplir uno de mis más grandes sueños; hacer un viaje sola, pasar tiempo conmigo misma, conectarme con el mundo, perderme y volverme a encontrar, conocer otros lugares, otras personas y descubrir nuevas formas de ver la vida, por lo que Italia era una excelente opción. Fue así que encontré en la organización Vive México una oportunidad extraordinaria para comenzar esta gran aventura.

No cabe duda que la naturaleza es el fenómeno perfecto para ponernos en contacto con la Tierra, con el mundo, con nosotros mismos, por lo que todas aquellas actividades enfocadas al cuidado del medio ambiente representan la preocupación de la humanidad, por mantener vivo aquello que nos permite coexistir, sin un medio ambiente estable, no existen las condiciones propicias para seguir viviendo y es muy lamentable que actualmente estemos siendo víctimas de las consecuencias, tales como el deshielo de los polos, el calentamiento global, el efecto invernadero, la extinción de varias especies y la desaparición de muchos ecosistemas, lo cual ha creado un desequilibrio que ha desembocado en la pérdida de la riqueza, vegetal y cultural de muchas regiones.

Al darme cuenta que podía contribuir con un granito de arena a salvaguardar un ecosistema al norte de Italia, junto a voluntarios de todo el mundo, a la vez que convivíamos, compartíamos nuestros ideales y vivíamos una gran experiencia juntos, me sentí dispuesta a romper mis propios paradigmas.

Una vez en Italia, no dejaba de maravillarme con cada cosa que se atravesaba en mi camino, desde la más imponente construcción hasta la más pequeña flor, me parecían lo más hermoso que había visto nunca, debo confesar que los primeros instantes en un país extranjero resultaron un shock emocional muy fuerte para mí, tanto que llegué a preguntarme por qué había ido y para qué estaba yo ahí, sin embargo, cuando recordé la infinidad de posibilidades de nuevas experiencias por vivir, me sentí preparada para salir a las calles, tomar el primer transporte público y dejarme guiar por el viento. Los primeros días de viaje, fueron en Roma, cuna de la historia, lugar mágico que me enamoró por completo, recorrer sus calles, sus museos, sus restaurantes y gelaterias, son recuerdos eternos, desde hacer una larga fila para entrar al Coliseo, hasta pasar horas contemplando la Fontana di Trevi, son sensaciones tan diferentes, pero que representan la misma alegría-

Una vez llegado el día de partir hacia Montebarro, de conocer a los demás voluntarios, la emoción se apoderó de mí, tanto que pude llegar de Roma a Milán y de Milán tomar el tren a Lecco sin ningún temor ni contratiempo. Al llegar a la estación de Lecco y conocer a los demás voluntarios, caí en cuenta que nos convertiríamos en grandes amigos para toda la vida. El camino hacia el hostal de Montebarro, se sentía una gran adrenalina, el estar dos semanas viviendo y trabajando a mil metros de altura era algo que ninguno de nosotros había hecho jamás, pero que sin duda estábamos listos para experimentar. Desde un primer momento, todos los anfitriones se portaron de forma excelente con todos nosotros, explicándonos todos los detalles del trabajo y del lugar.

Una vez instalados, nos dispusimos a degustar el primer platillo preparado de forma 100% casera y por auténticos Italianos, aquella pasta al pomodoro, me confirmó que las tradiciones aún se conservan mejor el los pueblitos pequeños, porque aquella pasta estaba deliciosa. Después de las presentaciones y una noche de juegos, estábamos listos para al día siguiente empezar con el trabajo duro.

A la mañana siguiente, nos dispusimos a caminar cuesta arriba y cumplir nuestra labor, cortar aquella hierba mala que atentara contra las especies silvestres que hacen de Montebarro un lugar tan especial; salir a la terraza y apreciar aquella vista tan impresionante hacía que día con día, me sintiera más privilegiada de estar viva y de estar ahí, sin importar el reto que representaba levantarse temprano, caminar por estrechos senderos y ensuciarse en el trabajo, el tener la oportunidad de respirar ese aire tan puro, hacía que todo valiera la pena.

Pesadas mañanas de trabajo, que se aligeraban con canciones, bailes y chistes, tardes de descanso, paseos y gelatos, noches de juegos, exquisitas cenas y convivencia hicieron que las dos semanas transcurrieran muy rápido y que el grupo se volviera cada vez más unido. Cada día estábamos más cansados pero a la vez, más conectados con la montaña, con la naturaleza, con nosotros mismos y entre nosotros, lo que nos motivaba a levantarnos todos los días, dispuestos a llegar a la cima y seguir trabajando; aquellos breaks en la cima, para tomar agua y comer chocolate, se volvieron los momentos más esperados por todos, ya que aprovechábamos para tomar fotos, cantar y platicar, nunca había un momento de aburrimiento en Montebarro, ni arriba de la montaña, ni en tierra firme.

Como parte de las actividades del campamento, realizamos una cena multiétnica para todos los habitantes de la región que quisieran degustar platillos de México, Alemania, Armenia, Italia, Eslovaquia, Corea, Finlandia, Canadá y Estados Unidos. La organización del evento, la compra de los ingredientes, la preparación de los alimentos, la cena y la convivencia entre amigos, es el ejemplo más claro que he visto en mi vida de intercambio cultural, aprender a hacer esos platillos tan diferentes y compartir un poco de la gastronomía de mi país fue sin duda una gran experiencia. Todos los asistentes quedaron sorprendidos y satisfechos con los resultados, fue una velada muy agradable para todos.

El fin de semana fue la oportunidad perfecta para realizar un viaje en grupo, visitar distintos pueblos cercanos al lago de Como, Pescate, Varena, Bellagio, Bergamo, Valmadrera, Galbiate y Lecco, fueron los encargados de mostrarnos la riqueza del norte de Italia y de recargar nuestra energía para los últimos días de trabajo en la montaña.

Cabe destacar que en las tardes de ocio, conocimos museos, centros comerciales, gelaterias y a las familias y amigos de nuestros anfitriones, en un par de ocasiones, paramos en una pizzería local para cenar, en donde Alessio nos atendió de maravilla y nos nombró sus clientes extranjeros distinguidos, sin duda la mejor pizza que he probado en mi vida. Aún recuerdo como todos esperábamos con ansias que llegará el momento de la cena mientras aun estábamos en el pueblo, para poder ir a la pizzería antes de volver a subir al hostal e internarnos en la montaña.

Habían llegado nuestros últimos momentos en aquel lugar, por lo que tuvimos una cena de celebración, para recordar los mejores momentos del viaje, compartir experiencias y despedirnos, no sin antes, asegurar que seguiríamos en contacto y que tarde o temprano viajaríamos a los países de los demás para volvernos a ver. A la mañana siguiente, poco a poco nos fuimos despidiendo de Montebarro, era momento de regresar a nuestros países y compartir la increíble aventura de la que habíamos sido parte.

Cuando vi por última vez a mis amigos y abordé el autobús que me llevaría de regreso al aeropuerto de Milán, para tomar el avión que me llevaría de regreso a casa, no pude evitar sentir cómo la nostalgia me invadía, por dejar atrás aquel lugar y aquellas personas de las que había aprendido tanto, pero a la vez me sentí muy feliz, pues en tan poco tiempo logré hacer amigos que marcaron mi vida para siempre.

Una vez sola en aquel autobús, pude reflexionar sobre como aquella experiencia me había permitido terminar con todos mis prejuicios, acabar con mis miedos, cambiar paradigmas, retarme a mí misma, saber quién soy y que espero de la vida, pero lo más importante, demostrarme a mí misma que soy capaz de lograr lo que me propongo y que no hay nada que me impida cumplir mis sueños.

Agradezco de todo corazón a mis padres y a Vive México por esta gran oportunidad y a mis nuevos amigos por sus enseñanzas y compartir conmigo la alegría de los momentos vividos.

A 365 días de haber estado en Italia, puedo decir que aún el olor de café me recuerda a esos desayunos en Montebarro, no importa dónde me encuentre, siempre me transporto al hostal y vuelvo a experimentar esa sensación al ver la vista por primera vez, comer un helado no ha vuelto a ser lo mismo después de haber comido los gelatos más deliciosos y ninguna pizza se comparará con la de Alessio, ninguna montaña me parece tan alta y verde como Montebarro y ningún trabajo me parece tan satisfactorio como aquellas 8 horas diarias cortando hierba. Todos los días extraño un pedacito de Italia, su comida y sus paisajes.

Aún estoy en contacto con mis amigos, unos se graduaron, otros se comprometieron y uno hasta se casó y se convirtió en papá, es increíble cómo cambian las cosas en un año, pero también es increíble cómo los momentos que vivimos siempre estarán en nuestra memoria.

Ahora más que nunca estoy segura que lo volvería a hacer, una y mil veces y recomendaría esta experiencia a todo aquel con ganas de vivir una gran aventura y con ganas de experimentar un cambio en sus vidas, no veo la hora de poder repetir la aventura, en otro país, con otras personas, pero siempre con la misma inquietud de conocer otras culturas, otras tradiciones y seguir construyendo puentes en todo el mundo, con las mismas ganas de experimentar la sensación de estar en la cima del mundo.

Author: Karla Margarita López Montes

Fifth Edition

5While closing the 4th edition of Scriptamanent, after the final meeting in Izmir, we are already preparing the new call for the next edition of the project. Stay tuned!

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