El poder de una sonrisa

User Rating:  / 47
PoorBest 

Ya era invierno, y allí estábamos, tres españolas en la carretera esperando a que alguien nos llevara al aeropuerto. En Bulgaria es bastante común hacer autostop o “hitch hiking”, así que teníamos esperanzas de que alguien que fuera a Sofía parara. Había pasado ya seis meses y volvíamos a casa.

Después de una hora pasando frío en la entrada de Lovech, un coche paró. De él se bajó un chico joven. Nos dijo que iba a la capital, y nosotras dijimos “¡Perfecto!” Y así, dejamos atrás el lugar donde habíamos vivido todo aquel tiempo.

Lovech no era lo suficientemente grande para llamarlo ciudad ni tan pequeño como para llamarlo pueblo. Era un sitio tranquilo y muy típico búlgaro. Tenía partes bonitas como la zona antigua, el río y el parque, el famoso “Puente Cubierto” y una formación rocosa desde donde podías ver la “ciudad” entera.

Pero… ¡Cómo echaba de menos el mar!, sobre todo en esos días de 40 grados, y ¡Cómo echaba de menos más actividad! Aunque las típicas cervezas búlgaras de litro y medio o la Rakia, ayudaban a pasar los malos momentos.

Nasko, que así era como se llamaba nuestro chófer, empezó a entablar conversación conmigo. Yo iba de copiloto y nos comunicábamos en inglés. Cuando empezamos a hablar todavía quedaban dos horas y media para llegar a nuestro destino y Silvia y Vero se habían quedado dormidas en la parte de atrás del coche.

N: - Entonces, ¿qué hacen en Bulgaria?
Yo: - Hemos sido voluntarias en una organización. Antes éramos 4, pero Emilie tuvo que irse dos meses antes.

Emilie fue mi compañera de piso y parece curioso que con quien creé un lazo más profundo fue con ella. Y es que los lazos no entienden de procedencias, razas ni condiciones sociales, los lazos nacen del interior de cada uno y simplemente se sienten cuando estás con esa persona. Cuando se fue y volví a nuestro piso, me percaté de que ya no volvería, la eché mucho de menos.

N: - Y… ¿en dónde vivían? ¿Pisos?
Yo: - Sí. Donde yo vivía estaba muy bien. Sin embargo el piso de Vero Y Silva era como adentrarse en la Bulgaria comunista de años atrás, algo que a la vez lo hacía muy atractivo. Lo que pasaba es que de vez en cuando no había agua caliente, la instalación eléctrica no funcionaba, o las ventanas quebradas se rompían y caían a la calle. Por otro lado Emilie y yo nos reíamos de nuestras aventuras con la lavadora de 40 años, o con el ruido infernal de nuestra cisterna.

N: - Jajaja, me lo puedo imaginar, ¡qué odisea! ¿Y con la organización qué tal? ¿Qué hacían?
Yo: - Pues la verdad es que nuestro caso fue un poco complicado. La primera sensación que tuvimos fue que no nos necesitaban para nada, así que empezamos a sospechar que quizás solo querían recaudar algún dinero de la UE.

N: - Pero, y ¿hablaron con ellos?
Yo: - ¡Claro! Y a partir de ahí todo empezó a mejorar. Teníamos más tareas, había proyectos en mente, etc. Todo parecía que cobraba sentido. Emilie y yo empezamos a ir a los orfanatos. Pero pasó lo mismo que en la organización, con el extra de que algunos de los encargados de los centros no eran muy amables con nosotras.

- Y entonces llegó un momento en que todo empezó a ir tan raro como al principio. Nosotras queríamos compartir nuestras ideas, aprovechar el tiempo, poner en prácticas nuestros proyectos, ayudar de una manera eficaz, pero no pudimos. Ya sea porque en Bulgaria hay una cultura de trabajo diferente, ya sea por la organización, o ya sea por nosotras, la verdad de todo es que nunca terminamos de encajar.

N: - Es una pena… ¿Qué hiciste entonces? No creo que para ti mereciera la pena la experiencia ¿verdad? Además mucha gente aquí piensa que es muy raro que alguien sea voluntario sin recibir nada a cambio…

Yo: - No quería dejar la experiencia a medias e irme así que desde el principio tomé una decisión. Y más que una decisión, tomé una actitud. Yo la llamo “la actitud de la sonrisa”.

N: - ¿La actitud de la sonrisa?
Yo: - Sí, se basa en sacarle lo positivo a todo. Voy a explicártelo así que ¡ATENCIÓN!

- La lavadora destiñó mi ropa y a veces ni funcionaba pero ¡cómo nos reíamos en esos momentos! La ciudad era pequeña pero gracias a eso llegabas más y mejor a la gente que te rodeaba. Algunas de las personas que conocimos allí nos ofrecieron su casa y su comida solo a cambio de estar con ellos. Y ahora mismo puedo recordar a mi tendero favorito del mercado esforzándose en decir dos palabras en español.

- No me gustaba la manera de trabajar de la organización. Pero a pesar de ello, eran personas como tú y como yo, con sus familias, amigos, sentimientos… Me quedo con el cariño que me dieron y los buenos momentos que pasamos. También me quedo con los jóvenes que venían a mis talleres y con cómo nos reíamos juntos. Y como no, con mi querida y fabulosa profesora de búlgaro.

- No me quedé satisfecha con mi labor en los orfanatos pero que aquellos niños y adolescentes compartieran sus abrazos y sonrisas todos los días conmigo, no tiene precio. Y no pasaba nada si no podíamos hablar, bailábamos. Y no importaba si no nos entendíamos del todo, jugábamos, lo importante era estar juntos. Kamelia era una de las niñas que siempre recordaré. Era pequeña y su sonrisa con falta de algunos dientes, acompañaba aquella mirada pícara que nunca olvidaría.

- Es verdad que Emilie, se fue al cuarto mes. Pero valió la pena conocerla. Intercambiábamos ideas, culturas, cocinábamos juntas, y compartimos momentos de emoción, llanto, risas y confesiones. Ella me llamaba Kristinka (como lo hacían los niños del orfanato) y yo la llamaba pequeña Kamelia (en honor a nuestra querida niña). Todas las noches en el piso se escuchaba “¡Buenas noches Kristinka!”, “¡Buenas noches Kamelia!”.

- Y como no hablar del “training”…
N: - ¿El training?

Yo: - Sí. Fue una semana que nos dio la posibilidad de conocer a los voluntarios SVE de toda Bulgaria. Íbamos a visitarlos los fines de semana o coincidíamos en festivales y todo ello se convirtió en una coctelera llena de paisajes increíbles, rutas de autostop donde conocía a gente muy interesante, contactos y amigos de otros países, intercambio de tradiciones, fiestas, contribución en las labores de otros proyectos… Fueron momentos llenos de juventud, energía, buen rollo, y algunos, con lágrimas de despedida.

- Además, Nasko, Bulgaria me permitió volver a ver a viejos amigos y cruzar fronteras. Conocí una cultura y a su gente de una manera verdadera, una cultura que al principio puedes catalogar de extraña y sin embargo de la cual muchos se llegan a enamorar.

- A lo mejor, ante los ojos de mis compañeras, mi actitud optimista era una actitud de conformismo. Pero la verdad es que siempre dije todo lo que pensaba, lo bueno y lo malo. Siempre intente hacer todo lo mejor posible y siempre mantuve la sonrisa. Esa fue la razón por la que un día mi compañera Vero me dijera: “Tanto para lo bueno como para lo malo te has convertido en la única voluntaria SVE de esta organización”.

- Y lo más importante que aprendí es de lo esencial que son las personas. Están aquellas que dejaste atrás y a las cuales echas de menos, aquellas que conoces, que pasan desapercibidas o que crean en ti un sentimiento profundo. Todas dejan algo en ti que te hace aprender, y te das cuenta de que, al menos yo, las necesito para sentirme querida, apoyada y en definitiva para compartir.

- Así que sin duda, recomiendo esta experiencia. Mereció la pena.

N: - ¡Vaya!...ya veo…

Yo: - Me quedaré con algo que me han dicho muchas veces, y que aquí me marcó más que nunca. Es algo que me llena de fuerza… Emilie lo escribió en su carta de despedida, y mi mentora me lo recordó antes de irme. Y fue algo tan simple como:

“Mantén siempre esa sonrisa, Kristinka”.

Sin darme cuenta habíamos dejado paisajes y paisajes búlgaros atrás en el camino, habíamos llegado a Sofía. Al despedirnos, Nasko se bajó del coche, abrió el maletero y sacó un pequeño tarro con miel. Era un regalo de despedida para mí. En ese momento supe que Nasko era también de esas personas que a pesar de pasar poco tiempo con ellas, cuando las miras a los ojos, sientes algo especial. Me dio un abrazo, me miró y me dijo:

“Quizás algún día nos volvamos a ver…Mantén siempre esa sonrisa, Crisi”.

Fifth Edition

5While closing the 4th edition of Scriptamanent, after the final meeting in Izmir, we are already preparing the new call for the next edition of the project. Stay tuned!

Login form